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Los hackers no son esos ninjas cibernéticos que te contaron

Hacktivismo
Tiempo de lectura: 2 MIN.

Lxs hackers dejaron de ser iconos y pronto se convirtieron en símbolo de la era digital. Dejaron de ser un grupo de geeks, transformándose en una fascinación generalizada. Todxs creemos saber quiénes son: lxs imaginamos como personas anónimas e inaccesibles, genixs sin identidad que navegan subrepticiamente por la web. Al interior de la internet, lxs hackers adquieren cada vez mayor relevancia e impacto.

Pero estas lecturas sobre qué es un/a hacker han sido y son todavía muchas, y han sido deformadas a través de los años. Se transformaron en un mito, uno vivo. Pero, ¿realmente son esos ninjas cibernéticos que nos imaginamos?

Sobre el término hacker

En la historia de lxs hackers quedan claras dos cosas: sus aportaciones al mundo de la informática y la tecnología, y su gran motivación colectiva por crear y compartir lejos de un impulso económico.

Dejando de lado las aportaciones técnicas de lxs primerxs hackers (“los auténticos programadores”), es importante rescatar sus atributos en términos humanos, pues “siempre han admitido este mayor alcance de sus formas de hacer y pensar”, advierte Pekka Himanen en La ética del hacker y el espíritu de la era de la información. Explica que en el diccionario que crearon durante la década de los 70, el Jargon file, se autodefinen como un “experto o entusiasta de cualquier tipo. Uno puede ser un hacker astrónomo, por ejemplo”.

¿Un carpintero hacker?

También lo dijo en 1984 Burell Smith ―el hacker creador de la famosa Mac, la computadora Macintosh de Apple― durante el primer Congreso de Hackers celebrado en San Francisco: “Se puede hacer casi de todo y ser un hacker. Se puede ser un carpintero hacker. No es preciso disponer de elevada tecnología, pienso, que tiene que ver con la artesanía y con el hecho de dar importancia lo que uno hace”.

Esta primera definición resultó del folclor de aquellos años y se aproxima a la esencia hackeril más por la característica en común que tenían lxs hackers de ser personas creativas y tenaces, que por su actividad y aportación dentro del ámbito de la informática. Y esta acepción amplia puede resultar, y lo ha hecho, en hackers que no tienen algún vínculo significativo con una computadora.

Las características de lxs primerxs hackers eran claras: habían emergido en un ambiente académico, en los laboratorios de informática, y se caracterizaban por ser personas entusiastas y que programaban por gusto. Ambas cualidades (informática+entusiasmo) lxs caracterizarían al paso del tiempo.

Entrada la década de los 80, eran ya personajes conocidxs en el escenario público; estas mentes brillantes empezaron a ser identificadas por sus labores informáticas de alto nivel, que se centraron en encontrar fallos técnicos en los sistemas operativos de las computadoras.

Este salto a la masividad, menciona Gunnar Wolf en “Cifrado e identidad, no todo es anonimato”, de Ética hacker, seguridad y vigilancia, se dio conforme los sistemas de cómputo se hicieron también de dominio público. Y para 1981 medios globales como New York Times ya utilizaban en una nota el término “hacker” como sinónimo de “pirata informático”, aquel que fractura los sistemas para robar información.

Esta definición proliferó con rapidez; pronto se hizo general presentar a lxs hackers ante el público no especializado como delincuentes cibernéticos. En este escenario se volvió una necesidad generalizar un contra-término que volviera a enaltecer las cualidad creativas y entusiastas de su trabajo. Entonces fue acuñado el término cracker para referirse a los delincuentes cibernéticos, buscando recuperar el término hacker en su acepción original.

La aparición de los hackers de sombrero

Para finales de los 90 se inventó el término white hat hacker (hacker de sombrero blanco) para referirse a lxs hackers éticxs que apostaban por la seguridad informática, término que se contraponía con el de black hat hacker (hacker de sombrero negro) que hace referencia específicamente a lxs criminales informáticxs. Sin embargo, lxs hackers que impulsaron el contra-término crackers aseguran que solo ellos pueden ser llamados hackers y los (mal)llamados hackers de sombrero negro serían estrictamente crackers.

Wolf concluye: “Obviamente, el hacker como atacante, intruso misterioso, poseedor de conocimientos más potentes que las más esotéricas artes marciales resulta más taquillero. Esta definición, pues, es la que se ha consagrado en el imaginario general, y sería ridículo que la ignoráramos por un falso purismo, si lo que buscamos es documentar el significado real del término”.

Es verdad, aunque la polisemia de la palabra hacker es evidente hoy en día, también existe una fuerte reivindicación de la primera acepción que reconoce lo hacker de la mano de una ética, una ética, que se traduce en la cultura de compartir información como un acto poderoso y positivo. ¡Apropiémonos de esta definición!

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