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Dildos, anos y la nueva democracia sexual, ¿sabes qué es el posporno?

Sexualidad y feminismo
Tiempo de lectura: 2 MIN.

Desde los 80 el posporno es una apuesta por la representación de otras formas de vivir y ejercer la sexualidad.

Marca el nacimiento de una nueva corriente post-feminista, a la vez que rompe con una ola del feminismo conservadora e indiferente a las cuestiones de clase social, raza e identidad sexual. Es palabra tabú entre académicxs, artistas y activistas. El posporno es punk, pero, sobre todo, no es para que te excites. ¿O sí?

Mejor dicho, el posporno es aprender a excitarnos de otra forma, más subversiva e incluyente; es cuestionarnos políticamente acerca de qué tipo de prácticas sexuales que nos enseñaron son “las adecuadas” y a cuáles otras decirles “guácala”; es preguntarnos qué tipo de cuerpos protagonizan el acto sexual y qué otras identidades quedan excluidas del discurso pornográfico mainstream.

The Feminist Wars

No, no se trata del título del nuevo sci-fi hollywoodense, sino de la ruptura entre dos posturas feministas que entraron en conflicto en Estados Unidos y Canadá durante los años 80 y que hasta hoy sigue dividiendo opiniones.

Por un lado emergió un feminismo de tipo abolicionista, liderado por Catherine MacKinnon y Andrea Dworkin, que veían la pornografía comercial como un escenario de trata, violencia

y opresión contra la mujer. Para estas activistas, las mujeres que aparecían en el porno eran meras esclavas sexuales, por lo que exigían al Estado su rescate y la aplicación de leyes para castigar a productores y consumidores.

Estas abolicionistas se aliaron con los grupos más conservadores para crear políticas de censura más estrictas, que solo ayudaron a reprimir el movimiento de liberación sexual de las mujeres afroamericanas y de las comunidades de personas gay, lesbianas y trans.

La artista y actriz porno Annie Sprinkle se opuso a aquella corriente y encontró que la respuesta no era la ce nsura, sino la producción de contra-discursos alternativos de la sexualidad donde el foco del deseo sexual no fuera el hombre blanco heterosexual. Creó el término posporno y realizó performances en los que participaban personas de todas las razas, orientaciones sexuales e identidades de género, sin importar su peso, tamaño o si tenían cicatrices, deformaciones o una discapacidad.

“En un principio fue el dildo…”

Así decretó Paul Preciado en su famoso Manifiesto contrasexual, uno de los textos clave para entender el posporno contemporáneo en Iberoamérica.

Con Virginie Despentes y María Llopis, Preciado es unx de lxs máximas exponentes de la contra-sexualidad, un orden político y afectivo surgido del posporno. En Manifiesto contrasexual rechaza la clasificación médica de “órganos sexuales y reproductivos”. En la contra-sexualidad todo el cuerpo es un órgano sexual en el que el ano ocupa un lugar privilegiado en la nueva democracia sexual.

El ano es universal (quién no nace con ano), rechaza los celos y la codependencia (porque desecha lo que no necesita) y no discrimina (porque todo le entra). El otro principio rector de la contra-sexualidad es el dildo como tecnología del placer, lo que rompe con la idea de que para tener sexo se necesita de otra persona. Para gozar, basta con prender un botón.

En suma, el posporno es activismo y crítica a la sociedad de masas capitalista. Es la ruptura entre dos pensamientos feministas, uno radical y otro conservador. Es teoría y práctica de la sexualidad humana. Es filosofía Do it yourself (hazlo tú mismo) y Do it with others (hazlo con otrxs). El posporno es sudar por el ano. Es un dildo acariciando la piel. Es fisting. Es queer. Sí, es todo eso, pero sobre todo, el posporno es para que te excites, ¿o no?

 

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